miércoles, 9 de julio de 2014

Canción de vida










Era un bosque muy particular donde las hadas tejían cada noche las alas de las libélulas. Estas, una vez preparadas para volar, cubrían de bellas tonalidades el aire.
El musgo, siempre tan quieto y mudo, resplandecía bajo la opalescente luz de la luna y reflejaba las primeras gotas de rocío que la bondadosa aurora comenzaba a destilar.
Los pájaros despertaban con los últimos rayos de luna que acariciaban levemente sus nidos.
La hiedra se abrazaba a una vida que sacudía su letargo con mucho trabajo por hacer...

Moon Naciente








Aprendí que las mejores cosas, los momentos más intensos, estaban esperándome. Como las tiernas espigas que ofrecen su delicada mies a la luna de cosecha, confundidas en su búsqueda de cálidas sensaciones.
Como la oruga, reptante en sus alas de bellas filigranas, transparentes como espuma de mar, que jamás  imaginó poseer.
Y aprendí que con los ojos cerrados no descubriría lo que la vida me depara..
Es más, en los momentos de frialdad, el alma aprende a sobrevivir.


Moon Naciente

8 comentarios:

  1. Aprendí que con los ojos cerrados no descubriría lo que la vida me depara... que resumen más bonito y simple de lo que es vivir la vida.

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    1. en el fondo todo es tan simple... Gracias y beoso a partes iguales!

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  2. Y aprendiste bien, Txaro. Precioso cuento... Felicidades. Un abrazo.

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  3. Aprender a través de la fantasía de un bello cuento de hadas...Y de libelulas ;)

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  4. Buena entrada Txaro. Es en la aparente simpleza donde reside la creatividad......este es el camino. Felicidades.

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MoonMagazine. Revista Lúdico Cultural

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